La conducta de las elites

Por: Roberto Candelaresi

La aversión de las elites

Cuando el péndulo del poder se mueve a favor de un gobierno popular, las clases dominantes tradicionales, las élites, tienden a refugiarse para una defensa ante el desafío o conflicto sociopolítico. Esto se conoce como el reacomodamiento de placas económico-sociales, o la reconfiguración de los espacios políticos y sociales que produce la globalización en la sociedad mundial.

Existe tal como lo muestran distintas investigaciones [No Society, el fin de la clase media, de Christophe Guilluy] un fenómeno social, complejo e interrelacionado propio de la globalización. tal como la animadversión de las élites y la búsqueda de un espacio jurídico protector, una suerte de búnker que las proteja de lo que considera los excesos inaceptables de la democracia.

Se teoriza centralmente desde la desaparición de la antigua clase media occidental. Ruptura del affectio societatis, vínculo sutil pero implícito en las viejas sociedades, por lo que comenzó otra era de disociedad: quiebre de lazos entre arriba y abajo, sino entre ganadores (nuevas clases altas) y perdedores (clases populares).

La ruptura así no pasa por lucha entre clases sociales, sino por ocultar (invisibilizar) a los más desfavorecidos. Sin vínculos inter clases, no hay sociedad. Las clases dominantes y superiores ya no quieren formarla sino pretenden la secesión. Resultado en que los populares se concentran en partidos de izquierda y populismos de derecha que resisten el mayor ajuste de la historia.

Las élites huyen ‘hacia adelante’ y aceleran su fortificación. Sueñan independizar esos territorios ricos y desembarazarse de la mayor parte de las clases populares. Se proponen desmantelar las solidaridades nacionales, al independizar un territorio de un marco nacional que es más desigual, para no soportar esfuerzos fiscales ni repartir riquezas. Los marcos supranacionales se manejan con la Ley del Mercado, que es donde quieren vincularse las burguesías.

Para convencer y convencerse, se agita el riesgo populista como el advenimiento de un régimen totalitario por el mundo en conclusión, lo que estimula el pánico y/o temor y el rejunte de la clase media dispersa, en partidos con una escenificación mediático-política, que reivindica la integración neoliberal, pero se presentan como opción del “centro”, y que en el poder aplican políticas de ultraderecha! Esa narrativa de recelo y zozobra, alienta el nuevo macartismo, y fomenta polarizaciones como en nuestra sociedad.

En nuestro país, tenemos algunos ejemplos de esta tendencia “separatista” con dirigentes de la oposición en Mendoza y en la CABA (Cambiemos). En ambas jurisdicciones, sus rebeldías al no acatar decisiones plenamente constitucionales del P. Ejecutivo Nacional, respaldada por sus tribunales locales inferiores de los que se pretenden facultades exorbitantes, se dirigen a generar una suerte de burbuja jurídica-política para repeler la “sobredosis populista”.

Estos propósitos políticos pueden ser confundidos con una reivindicación progresista del federalismo, toda vez que signifique un ataque a la reforma conservadora del ’94. Pero claramente son violatorios del espíritu de las normas e inclusive, de las que habilitaron y reglamentaron la autonomía – término polisémico – de la CABA, por ejemplo y, más importante aún, se desatienden la defensa de los intereses nacionales.

Esta ‘institucionalización’ de tales conflictos, debe alertar a la clase política nacional, acerca del riesgo de no operar en contra de esta extralimitación de la élite localista, con todas las herramientas posibles, y por cierto, no sería en absoluto aconsejable ampliar las competencias legales de las jurisdicciones nacionales, que la experiencia dolorosamente enseñó que las élites distritales suelen ser ávidas de recursos y no se someten a los planes estratégicos que pueda tener el gobierno federal para el beneficio de todos.

Mucho menos a la CABA, toda vez que es asiento de las grandes corporaciones y conglomerados mediáticos con gran poder de lobby, y con un poder judicial tan lábil al ejecutivo municipal y dispuesto a escoltar la animosidad de las élites, impartiendo sus tribunales una justicia pro domu sua.

La elite económica

En tanto, la élite del poder económico concentrado, también llamado empresariado corporativo, se empeña con todos sus medios y acciones para que el resto de la sociedad se discipline y modele en función de sus propios intereses. No aceptan los límites que implica el reconocimiento de los derechos de otros sectores, cimiento para la convivencia democrática.

Es un principio elemental de gobernanza, evitar el crecimiento acelerado de la peste, mitigando en lo posible sus consecuencias sobre la salud de las personas y sus condiciones materiales, preservando vidas, ante todo. Todo ello implica la movilización de recursos para compensar el ingente gasto social particularmente dirigido a los más afectados, a la vez que ciertas restricciones de circulación y trabajo, para evitar los picos agudos de la crisis.

La polarización social que se acentuó notablemente durante el macrismo, con su lógica de rentas y ganancias extraordinarias de solo una minoría de poderosos, y, como contracara, la desposesión de una mayoría trabajadora y excluidos, resultó en un gran sector social empobrecido [42%], y todo ello agravado por el cuadro de pandemia. El Gasto es una herramienta imprescindible en esta contingencia para paliar sufrimientos y sostener la condición humana. El poder democrático [elegido] debe contar con total independencia y grados amplios de libertad para administrar, por eso es inadmisible los intentos de debilitamiento de cualquier otro actor político, económico o social.

Un claro ejemplo de la obstaculización a las políticas públicas del gobierno legítimo, es el cuestionamiento feroz por parte de las centrales del gran empresariado [AEA, IDEA, UIA, etc.], al proyecto de progresividad fiscal para el impuesto a las ganancias que impulsa el ejecutivo, que no afecta a las pequeñas empresas.

Emiten documentos con falacias y sesgados en sus conclusiones, para deslegitimar la propuesta en trámite (por ejemplo, que la Argentina sufre una presión tributaria excesivamente alta).

La ponencia de la élite económica levanta las ideas del credo neoliberal; “los impuestos disminuyen los incentivos a la Inversión”, sin embargo, la administración “Cambiemos” les bajó los impuestos a los réditos y tampoco realizaron inversiones productivas. Hasta el presidente Biden reconoció que esa premisa de las reganomics no funcionó ni en Estados Unidos.

Peor aún, es la afirmación de los poderosos industriales en el sentido de que la pandemia reclama reducciones de tributos y exige incentivos económicos para las grandes empresas. Esta falta total de ética, parece circular entre las clases económicamente poderosas del país. Tanto peor cuando pontifican como ejemplos a seguir, a Chile y Ecuador, dos economías reprimarizadas (NO INDUSTRIALIZADAS), con desigualdades estructurales agudas y con desastres sanitarios por incapaces sus precarios (y elitistas) sistemas de salud.

Para el país en su conjunto (al menos socialmente mayoritariamente), la prioridad es atender la emergencia. La inversión privada debería estar asociada al impulso de la demanda y no a la especulación con rentas y ganancias extraordinarias, tal como se dio durante el 2020.

Los formadores de precios, esas corporaciones diversificadas productoras de insumos básicos para la vida, especialmente comestibles, higiene, papel, etc., mediante maniobras de diferenciación vanas de productos, para eludir los pactos de precios, desabastecimientos puntuales, etc., subieron precios sin justificación alguna [las variables macroeconómicas se mantuvieron estables] exponiendo la dinámica de su gran poder, tanto, que sus balances (presentados en la Bolsa de Valores) reflejan enormes ganancias, luego de años de pérdidas con la gestión macrista

Otro claro ejemplo de conducta de esta élite económica, es que un porcentaje de la clase más poderosa – grandes empresarios multimillonarios – han judicializado su obligación (legal) de realizar un aporte solidario que ayude a paliar las consecuencias de la pandemia. Una concepción de vida antisocial, deshumanizada y desacoplada del conjunto.

La élite no está dispuesta a disciplinarse a los dictados de la política de las mayorías, ni busca conciliación, si el Estado no sostiene las reformas liberalizadoras, o pretende intervenir en la economía. No admite aumento de retenciones (a pesar de la notable suba de los precios de los commodities agrícolas que inciden en el consumidor como bienes-salario), o que el Estado se ‘inmiscuya’ con la fraudulenta Vicentín.

Después de años de privilegios y cuantiosas ganancias por altas tarifas ajustadas, las proveedoras de servicios públicos (monopólicas) reclaman ‘recomposición’ de las mismas, en otra actitud de disociación con la realidad circundante. Recordemos que la pobreza es precisamente la contracara de esta abundancia acumulada de riqueza.

Por todo ello es menester que el gobierno actual ejerza su derecho con el poder del Estado, nutrido de la construcción de consensos, de la disposición del aparato estatal para lograrlos y con la potestad para obligar a cumplir con lo dispuesto por las autoridades legítimas. Recaudar y regular son sus facultades, la democracia no puede estar limitada por el poder de la élite corporativa.

Le elite política

Naturalmente no participan de ella, los dirigentes políticos realmente comprometidos con las causas populares, con proyectos nacionales de inclusión, de democracia social, y semejantes. Sus componentes su autoexcluyen de lo popular, de los partidos de cuadros, todo aquello que implique lo social y lo común. Sus actividades son diversas, pero responden a conceptos conservadores y sus vinculaciones con el ‘establishment’ empresarial, rural, mediático y judicial son fuertes y solidarias.

La inmensa mayoría se ubica actualmente en la oposición nacional, y de modo disperso, en distintos estamentos institucionales de gobiernos provinciales y locales [municipales].

La actitud desembozada de este grupo social, fue en ofensiva para desestabilizar al gobierno del Frente de Todos. No siquiera el advenimiento de la pandemia moderó su actividad destituyente e institucionalmente irresponsable. Trataron siempre de bloquear iniciativas de salud, políticas de precios o abastecimiento, y no favorecieron la estabilidad del tipo de cambio.

La actitud irresponsable y díscola de Cambiemos en CABA, clama por la desobediencia civil, mientras resulta temeraria para la salud pública. El LAWFARE no tuvo mengua ni con el cambio de gobierno, y sus estamentos operan al aire libre con una preocupante impunidad, en asociación con la élite, y a distancia del sentir popular.

Las corporaciones controlantes de los servicios de comunicación, continúan en rebeldía, aplicando a sus usuarios incrementos NO AUTORIZADOS por el ente de aplicación. Ya hablamos de la voracidad de los monopolios que siguen sus aumentos en pos de ganancias ilimitadas, sin que este sector de la clase política, cuestione nada.

La vida y el hambre son las complicaciones primordiales del país. Sobre esto hay conciencia colectiva. Debería haberla también acerca del rol que cada actor juega verdaderamente en el drama. Las élites parecen carecer por completo de ella.

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