Entre el respeto cultural y la radicalización de los mandatos

Por: Patricia Cuesta
Edición: Agustín Pons

La toma de Kabul, capital de Afganistán, por parte de la organización militar fundamentalista islámica Talibán, el 15 de agosto último, se tradujo en la instauración de facto de un nuevo Emirato Islámico. Los derechos y libertades que en distintos momentos del siglo XX fueron ganando las mujeres, los Talibán se encargaron de cercenarlos por completo. Qué lejos quedó la década de 1960 donde las mujeres accedieron al derecho a votar. Hoy, con el retorno de los Talibán ni siquiera pueden salir solas de su casa, a no ser que lo hagan con su marido, padre o hermano. Pero, en contraste con lo acontecido en los años ‘90 cientos de mujeres salieron a las calles a rebelarse contra la retracción de derechos y libertades conseguidos a lo largo de los años.

Los combatientes talibán toman el control del palacio presidencial afgano en Kabul el domingo 15 de agosto de 2021.

Cuando hacemos alusión a otras culturas se debe de ser muy respetuoso, porque una no es dueña de la verdad. Nuestra cosmovisión del mundo es nuestra, pero no necesariamente es la verdad revelada. Así y todo, hacer un paralelismo con nuestra propia cultura suele ser inevitable, pero no por eso inútil. En nuestra cultura, por ejemplo, muchas cosas han ido avanzando. Nuestras abuelas no fumaban, no usaban minifaldas, ni se les ocurría salir con sus amigas y dejar a los hijos en casa con su marido. Era algo totalmente impensado. Nuestras madres avanzaron un poco más, ya usaban minifalda, fumaban, se iban a tomar el té con las amigas, si el matrimonio no funcionaba se separaban; Nuestra generación avanzó aún un poco más: la convivencia sin casarse, estudiar con mayor libertad lo que realmente una quisiera. Pero la generación de las pibas de hoy fue mucho más adelante: se van a vivir solas, tienen una, dos o más una pareja en simultáneo, pelean en las calles por sus derechos. Las diferencias entre las experiencias de cada generación son concretas, pero eso no significa que todos los valores, todas las cosas que traemos ancestralmente se hayan perdido. Simplemente se aggiornaron, se fueron ampliando derechos.

La realidad de las mujeres afganas a partir del gobierno de facto instaurado por los Talibán en pleno 2021 es  muy disímil a lo acontecido en otros momentos del siglo XX en Afganistán. En 1919, por ejemplo, hace más de un siglo, llegó al poder el Rey Amanulá Kan quien llevó adelante varias reformas que fueron materializadas por la primera constitución de Afganistán en 1923. En ella se establecía la educación secular para ambos sexos, la abolición de la esclavitud, la abolición de los privilegios de la realeza y los lideres tribales, entre otros derechos básicos. Su esposa, la reina Soraya Tarzi fue considerada una de las primeras activistas en pos de garantizar derechos para las mujeres de su país. Empezó a darle visibilidad en la esfera pública con la intención de sacarla de lo que implicaba el mandato familiar. Durante el reinado de Amanulá y Soraya se abolieron los matrimonios arreglados e infantiles. Las mujeres dejaron de usar velo. De hecho, ella no lo usaba para dar el ejemplo a la sociedad. Como era de esperarse, la sociedad afgana no estaba preparada para semejantes cambios en tan poco tiempo. El reinado duró hasta 1929.

Luego vinieron otros gobiernos más moderados, pero siempre todos continuaron fortaleciendo la conquista de derechos. Es así que las mujeres empezaron a trabajar, estudiar, empezaron a tener algunas libertades, pequeñas sí, pero libertades al fín.

La reina Soraya Tarzi, activista por los derechos de las mujeres afganas, reinó junto a su esposo Amanulá Kan desde 1919 hasta 1929.

No olvidemos que es un territorio que a lo largo de los años ha sido invadido, que ha sufrido golpes de Estado, con sus respectivas consecuencias: Cuando se avanzaba por un lado, se retrocedía por el otro. En el año ‘64, por ejemplo, con la nueva Constitución las mujeres empezaron a tener el derecho a votar. 

Pero es en la década de 1990 que, luego de años atravesados por injerencias extranjeras y golpes de Estado, asume un nuevo gobierno: Los Talibán. Con este grupo al frente del gobierno y con la instauración de un Emirato Islámico, los derechos y libertades a los que habían accedido las mujeres fueron recortados. 

Los Talibán gobernaron a partir de 1996 y fueron depuestos en el 2001 por los Estados Unidos, apoyado por aliados de la OTAN. Con la República Islámica instaurada luego de la retirada de los Talibán de Kabul tras la intervención norteamericana es que resurgen algunos derechos, los que pudieron mantenerse hasta el presente año. Con la vuelta de este grupo fundamentalista al poder a través de un gobierno de facto sale a la luz un nuevo Código de Conducta Femenina que reinstala prohibiciones: La mujer debe estar tapada, sólo teniendo libres los ojos; no pueden estar en la vía pública si no están acompañadas por su marido, padre o hermano; no pueden estudiar ni trabajar. Por otro lado, en este Código los castigos son muy cruentos: A la mujer que encuentren con las uñas pintadas, por ejemplo, se le corta un dedo.

Con la vuelta de los Talibán al poder a través de un gobierno de facto sale a la luz un nuevo Código de Conducta Femenina que reinstala prohibiciones.

Como consecuencia de lo anterior, las mujeres se mueren en Afganistán esperando asistencia médica, porque no las pueden atender hombres y las mujeres que cuentan con la posibilidad de acceder a estudiar alguna ciencia medica, enfermería o medicina, son muy pocas. La cantidad de enfermeras y médicas no alcanza para la totalidad de la población femenina. Son muertes absurdas, fallecen por cuestiones que se podrían evitar simplemente con el acceso a la salud, lo cual también tienen vetado.

A diferencia de lo que sucedió en los ‘90, este regreso de los Talibán tuvo la rebelion de cientos de mujeres en las calles de Kabul, ¿Cuáles son las 29 principales prohibiciones que el nuevo gobierno quiere volver a imponerle a las mujeres afganas?

El trabajo femenino queda terminantemente prohibido fuera de los hogares, sólo unas pocas enfermeras y doctoras tienen permitido trabajar en ciertos hospitales de Kabul para atender mujeres y niñas. Tienen prohibido salir de sus casas para realizar cualquier actividad siempre que no lo hagan acompañas exclusivamente de su padre, hermano o marido. En cuanto a la vestimenta, no pueden mostrar ninguna parte de su cuerpo en público, con lo cual están obligadas a utilizar la Burka. Quienes no vistan de acuerdo a las reglas establecidas por los Talibán o que no estén acompañas en la calle por un hombre serán sometidas a azotes, palizas y abusos verbales; quienes sean acusadas de mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio serán lapidas. No pueden usar cosméticos.

Ningún extraño puede oír la voz de una mujer, por lo cual tienen prohibido reírse en público. Tampoco un varón debe escucharlas al pasar, por lo que tienen vetado el uso de zapatos con tacones. La educación y el deporte también los tienen vetados. Ningún espacio público debe contener en su nombre la palabra “Mujer”, etc. El repaso anterior de las prohibiciones impuestas a las mujeres afganas fue selectivo y no exhaustivo, con la intención de dar un gran pantallazo de su realidad con este nuevo gobierno. Aunque parezca increíble ante nuestros ojos así es la situación de las mujeres en dicho país. Y vale aclarar que no estamos yendo contra la cultura de esa sociedad, lo que estamos haciendo es contemplar los derechos de esas mujeres y de esas niñas. Imagínense esas niñas que sufren cualquier tipo de abuso y no tienen forma de defenderse o expresarse al respecto. El abusador jamás será castigado, la niña o esa mujer lo será. Si a una mujer afgana le sucede algo en la calle y lo denuncia ella es la culpable. La culpa recae en ella. La dominación que existe allí va más allá de la dominación patriarcal. Sos directamente una cosa, un objeto que le pertenece al hombre, para su satisfacción, para la reproducción y, por ende, sin ningún tipo de derecho ni de libertades. 

Cuatro mujeres protestan en Kabul. Captura de pantalla de video que se difundió en las redes sociales.

Es en este marco que es importante resaltar la actitud que cientos de mujeres afganas están teniendo. Las mujeres afganas se están rebelando, están buscando hacer oír su voz, que el mundo escuche lo que tienen para decir, y eso es un primer paso significativo.  De nuevo, nuestra postura no es ir en contra de su religión, de su cultura ni de sus valores; que quien quiera seguir haciéndolo lo haga, pero que aquellas que quieran tener una vida diferente también puedan acceder a tenerla.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *