Litio, el oro blanco del Siglo XXI

Por: Roberto Candelaresi

¿Oportunidad o amenaza estratégica para la región?

El litio es uno de los recursos que más creció en los últimos años de la mano del Acuerdo de París de la ONU para reducir la emisión de gases, y se usa para la fabricación de las baterías de celulares, computadoras portátiles, en la industria metalúrgica, automotriz, farmacéutica y del vidrio.

Nuestro interés puntual se origina a consecuencia de un reciente paper emitido por el think tank CSIS (Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales), que lleva por título «Triángulo de litio de América del Sur: oportunidades para la administración Biden» , que plantea que el Triángulo de Litio merece una mayor atención debido a su enorme impacto en el futuro de la tecnología verde y la transición a fuentes de energía más limpias, y, siendo la región sudamericana, la que cuenta con las mayores reservas de litio en el mundo, sería aconsejable para la administración Biden una asociación con Chile, Bolivia y Argentina por el mineral.

Según los expertos de ese laboratorio de ideas (por cierto, uno de los más importantes del mundo, e influyente sobre demócratas como republicanos), esto sería “coherente” con los ambiciosos objetivos de política exterior de la actual administración norteamericana sobre cambio climático y energía limpia, y representan una oportunidad única para el compromiso con muchos países de América Latina, para colaborar en la lucha contra el cambio climático junto a ellos.

Enuncian que el mineral es estratégico dado que «se convertirá en un componente esencial para los sistemas de energía limpia del futuro». Y, siendo la región – que comparten Argentina, Chile y Bolivia – la que cuenta con la mayor disponibilidad del recurso [el 58% mundial según el Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS)], se transformará en el nexo del codiciado elemento.

Como mineral, el litio se puede encontrar de forma natural en depósitos de roca dura o en lagos salados (salares). Es comercialmente viable después de que se extrae mediante minería. Australia, el mayor productor mundial de litio comercial, extrae directamente de depósitos de roca dura. En contraste, en nuestra zona se caracteriza por depósitos naturales de litio que se encuentran debajo de los amplios salares existentes en la geografía andina.

El Informe estipula que Argentina ofrece el caso más prometedor para la expansión de la industria del litio, ya que busca oportunidades para acelerar la recuperación de su economía. Posee los segundos recursos de litio identificados más grandes del mundo (solo detrás de Bolivia) y la tercera cantidad más grande de reservas de litio comercialmente viables, solo detrás de Chile y Australia. Atribuye además, que el escaso o lento desarrollo en su explotación – especialmente en nuestro país y en Bolivia – se debe al “clima de negocios” no muy favorable que hubo en el pasado, indicando a la vez que con A. Fernández eso está cambiando por lo que se puede esperar un crecimiento de inversiones.

Justamente, la importancia estratégica emergente del Triángulo del Litio sigue atrayendo el interés de importantes inversiones extranjeras, ya que los países buscan obtener una ventaja tecnológica a través del control de la industria del litio. Dado que las cadenas de suministro de litio serán cruciales para el futuro de la tecnología y la energía limpia, el litio desempeñará un papel en la gran competencia energética entre Estados Unidos y sus competidores, principalmente China, en los próximos años. China lidera actualmente el mundo en la producción de vehículos eléctricos. En gran parte, esto se debe a que ha adquirido el 55 por ciento del suministro de litio químico necesario para las baterías de los vehículos eléctricos, principalmente a través de sus primeras inversiones en las operaciones de producción minera más grandes de Australia.

Afganistán produce cambio de planes

El cambio político ha traído un renovado enfoque en la vasta riqueza mineral sin explotar de Afganistán, recursos que podrían transformar sus perspectivas económicas si alguna vez se desarrollaran. En 2010, geólogos estadounidenses revelaron que el país Surasiático, estaba asentado sobre depósitos minerales por valor de casi U$D 1 billón.

Entre otros inorgánicos dispersos por el territorio como el hierro, cobre y oro, incluso las inestimables tierras raras, la frutilla del postre, lo que podría ser uno de los depósitos de litio más grandes del mundo, el componente esencial pero escaso en las baterías recargables y otras tecnologías vitales para abordar la crisis climática como dijimos, pero logísticamente muy próximo a China, que lidera esta industria, y ya está explotando cobre y otras pétreas en el país del Talibán.

Como sabemos, Estados Unidos acaba de perder el acceso a ellos. Al menos estará por mucho tiempo en desventaja competitiva. Por ello el renovado interés en nuestra región, especialmente considerando que ya hay también aquí intereses orientales en pleno desarrollo. Las inversiones chinas no se hacen esperar, especialmente tratándose de insumos estratégicos para su tecnología e industria.

Made in Argentina

Pero, además y ya centrándonos en nuestro propio territorio, desde Extremo Oriente llegan también inversiones coreanas y japonesas. POSCO, multinacional coreana, instalará una planta de tratamiento y refinamiento (downstream) de litio en Güemes (Salta), y seguirá sus pasos otra firma multinacional China, GANGFEN. Se trata de plantas de producción de Carbonato e Hidróxido de Litio (más de U$D 1.600 millones).

Afortunadamente se tratan de proyectos que avanzan en el agregado de valor a los recursos naturales que impacta en desarrollo y generación de fuentes de empleo locales. En total –incluyendo la de la firma estadounidense LIVENT–, hay 18 emprendimientos avanzados y 40 en etapas preliminares.

La existencia del mineral en grado comercializable en nuestro país, se estima en 19.3 millones de toneladas, de allí su posición como 2° poseedor en América y 3° mundial. Las condiciones de extracción suelen ser desafiantes, no obstante, a diferencia de las vetas de allende la cordillera.

En Catamarca se extrae y purifica el litio proveniente de la salmuera, para producir fosfato de litio, el que posteriormente procesado resulta en carbonato e hidróxido de litio, un producto de mayor rentabilidad con destino a la exportación. Con este proceso industrial se incorpora al acervo del país un desarrollo tecnológico importante.

En este punto conviene aclarar que la posibilidad de avanzar con la fabricación local de baterías sin el concurso de una corporación internacional es aún muy lejana por la distancia tecnológica y de insumos existente. Las baterías eléctricas tienen entre un 3 a un 10% de litio, mientras cuentan con otros componentes como el cobalto del que carecemos (en condiciones explotables). Se trata de otra industria, tal como la de autos eléctricos, que hay que desarrollar.

Definir un modelo a seguir

Es necesario abrir un debate sobre cuál debería ser el modelo a seguir por el país en cuanto al uso y explotación de este recurso tan preciado y cotizado en el mundo, incluyendo los condicionantes formales que hoy existen para administrar por parte del poder nacional, tales como la decisión sobre el destino de los bienes estratégicos que por manda de la reforma constitucional – influida por el Consenso de Washington –, fueron cedidos a las provincias. Por lo que, si bien nacionalizar los recursos no es viable al momento, se puede declararlo un recurso estratégico para priorizarlo y sobre todo darle valor agregado de origen nacional y que el avance en ciencia y tecnología quede en el país.

La discusión se debe centrar acerca del rol que ambos niveles gubernamentales, provincia y nación debieran ocupar, si continuar siendo un mero productor de materia prima con un modelo extractivista o avanzar en el agregado de valor nacional. En la actualidad, como ya expusimos solo se produce el mineral en grado técnico, como carbonato y cloruro de litio.

Las exportaciones rondan los U$D 200 millones. Por ello, cuando se encuentren operables las plantas de refinamiento en desarrollo que referimos al comienzo, la renta se decuplica prácticamente (del 5.74 al 55% del total). De cualquier modo, si no es por medio de un esquema impositivo razonable, la apropiación de esa renta no beneficia a la Argentina, por ser capitales extranjeros. Tal como acontece con otras actividades mineras. La excusa invocada por los empresarios del sector (incluyendo socios y staff nacionales) siempre es que se requieren grandes montos de capital y tiempo para desarrollar (madurar) la explotación, y “costos laborales muy altos”; por lo que necesitan amortizarla en “x” años, el resultado neto para el país suele ser pasivo ecológico y merma de reservas minerales, que obviamente no son renovables.

Lo que es real es que, para llegar a la concentración del mineral necesaria para comercializarlo como carbonato de litio, se requiere un proceso que lleva en torno a dos años a través de evaporación, (gran cantidad de agua demandada), y para un proceso de extracción física, que es más rápido y exige menos agua, implica un costo más alto de energía. Esto mas la necesidad de herramientas tecnológicas y de insumos que se hacen casi inalcanzables para el desarrollo local y poco rentables.

NOTICIA - Las minas de Litio en Argentina, beneficio o pérdida?

En la actividad minera las empresas no tienen un alto nivel de ocupación, especialmente cuando su explotación entra en régimen, por lo que descartamos a la mano de obra como problema. Lo que se debe revisar es que la Ley de Minería vigente les asegura ganancias extraordinarias mediante distintos mecanismos; a)- muy baja imposición, b)- estabilidad fiscal por 30 años y c)- escaso control sobre sus resultados (conocemos de sus operaciones por lo que ellas mismas declaran).

Es lamentable que la legislación nacional no proteja al litio como a otros minerales en términos de darle su carácter estratégico y, por lo tanto, el Estado nacional y los provinciales no tienen disposición sobre las reservas. Muchas explotaciones han sido concesionadas bajo el imperio de la citada Ley Minera (N° 24.498), que es lo suficientemente laxa como para permitir que quienes han obtenido los derechos de concesión, no estén obligados a desarrollar ningún tipo de cadena de valor hacia adelante.

Dada la criticidad del material y la puja que por él tienen las potencias mundiales, por lo menos se debería exigir no solo la fabricación de baterías en el país (tal como el memorándum de entendimiento celebrado con la firma china GANFENG LITHIUM, pero librado imprecisamente a su voluntad) fijando plazos y montos concretos del proyecto y más importante, la transferencia de tecnología a nuestro favor, con nuestro compromiso de respetar patentes originales, única oportunidad de utilizar el mercado local para un crecimiento y un desarrollo endógeno. Las empresas como INVAP o YTEC [YPF+CONICET] podrían contar con ese know-how para captar el verdadero valor agregado para la nación, y no continuar con el extractivismo rentístico ajeno.

Otra consideración imprescindible en la discusión del modelo a desarrollar, es la cantidad de agua dulce que se utiliza con la técnica actual. Por cada tonelada extraída, se requiere 625.000 litros de agua. Y todo ello en territorio árido, lo que implica ponderar impactos sobre el ambiente humano, de fauna y flora y deducir posibles equilibrios.

La posibilidad colateral que se debe analizar también es que la producción de litio demanda productos químicos que se importan pues hoy no se producen en la Argentina, pero se pueden desarrollar proveedores locales en la industria química, y el INTI estaría ya trabajando sobre tal esfuerzo.

Existen una serie de proveedores locales, que usufructúan el “efecto derrame” de algunas inversiones extranjeras, que, por supuesto se debe garantizar, se trata de pequeños proveedores locales de servicios técnicos, transporte, cáterin, construcción, ropa de trabajo, etc. que obviamente dan trabajo a las comunidades particulares. La propuesta es acrecentar la explotación (para nuestro provecho) con empresas nacionales, provinciales o con Joint Ventures, y no cercenar las actuales actividades, eso debería disipar temores de esas PYMES.

La actividad de los privados en el negocio es interesante y necesaria, no solo por la tecnología que pueden aplicar ya, sino por las inversiones que se aplican al desarrollo y la creación de infraestructura, y, por encima de todo, su inserción en el mercado internacional, que garantiza la colocación a precios de clientes estabilizados. El modelo argentino puede ser exitoso comparativamente al de Bolivia, por su total nacionalización que no atrae inversiones, y a la vez no cuenta con recursos propios abundantes como para hacer redituable plenamente la actividad. De igual modo con el caso chileno que solo concedió dos permisos de explotación a empresas estadounidenses.

Aprovechando el momento

Frente a una demanda mundial de litio en aumento y un contexto geopolítico favorable, Argentina podría ser un engranaje clave de la revolución energética global que acaba de comenzar. En EEUU consideran que Argentina es el país “más prometedor para expandir la industria del litio” en el informe al que pretendemos contestar.

Pero justamente nuestras prevenciones se fundan los calificativos de esos expertos respecto del recurso de que se trata, “mineral estratégico”, “codiciado mineral”, “la importancia aumentará exponencialmente”, “el país más prometedor”, citan en su análisis. Todos demostrativos de la avidez y estímulos para acercarse al recurso, lo que implica que necesariamente desplegarán una estrategia de acercamiento en sus variantes de “soft power” como hemos explicado en otro artículo.

El mismo reporte, en un plantero geopolítico, señala que China, habiendo aumentado recientemente su influencia a través de su diplomacia de las vacunas. También ha sostenido un incremento de la inversión en distintos sectores, entre ellos en el Triángulo del Litio. La ya mencionada GANFENG LITHIUM en la operación Caucharí-Olaroz de Argentina, (a producir desde mediados de 2022) “debería convertirse en una de las principales minas de producción de litio del mundo”, apunta no sin preocupación para los intereses norteamericanos.

Describiendo la históricamente accidentada relación de Estados Unidos con Argentina y Bolivia, el desafío para la gestión Biden es encontrar “más dinamismo a través de la cooperación y la asociación en temas como el litio” en una perspectiva estratégica.

Propuesta americana

Se trata de organizar un foro de energía limpia para las principales naciones productoras de litio, que, además del Triángulo del Litio países, incluirían Australia, China y Canadá, tarea a cargo de John Kerry (enviado presidencial), conociendo que el presidente AF está considerando convocar una cumbre similar.

El propósito proclamado del “esfuerzo de colaboración” sería un aumento de asociaciones de inversión con los 3 de la región, y encontrar soluciones a los desafíos tecnológicos de la extracción. Además, esa alianza conduciría a un aumento de las exportaciones de litio desde América del Sur para ayudar a escala global a los países a reducir emisiones de carbono (¿?).

Naturalmente se trata de una proposición con combinación de inversión estratégica, investigación dirigida y diplomacia efectiva en asociación con los países del Triángulo de Litio, para favorecer la agenda de cambio climático y fortalecer la posición de Biden en la competencia con otras grandes potencias … “para brindar más oportunidades de energía limpia en la región”.

Premisas del posicionamiento estratégico nacional

La importancia que el gobierno de Biden asigna al cambio climático se ha puesto continuamente de manifiesto, claro ejemplo de ello es un comunicado del Departamento del Tesoro de EEUU, dirigido a los organismos multilaterales de crédito, como el Banco Mundial y el BID solicitando dejen de financiar, salvo en casos extremos, proyectos de inversión basados en hidrocarburos. La clave pasa por las energías “limpias” y la “electro movilidad”, para la cual el litio es un insumo clave.

Según el Servicio Geológico de EEUU, 71% del consumo mundial del mineral se destina a la producción de baterías (para dispositivos electrónicos y vehículos eléctricos, entre otros usos) y 14% a cerámica y vidrios.

Si la administración de Joe Biden espera alcanzar su objetivo de reducción del 50% en las emisiones de carbono para 2030, las capacidades de almacenamiento de energía de la batería de iones de litio serán necesarias para transformar la red eléctrica al capturar el exceso de energía solar y eólica.

La Argentina ya es el principal proveedor del mineral a EE.UU., un documento oficial precisa que entre 2016 y 2019, 55% del litio importado por EEUU provino de la Argentina. Su necesidad de ampliar inversiones para asegurarse un creciente abastecimiento es obvia. Por otro lado, desde el punto de vista geopolítico su otro interés – siempre al filo de la trampa de Tucídides – será el de limitar el crecimiento de la emergente república popular en influencia y en acceso a recursos de la Argentina y la región, como hemos descripto en otros títulos.

Nuestro país, tiene que saber maniobrar con astucia ante esta gran necesidad del hegemón, sin coartar la posibilidad del aliado oriental de crecer juntos, pero frente a ambos, lo que no puede acontecer es seguir siendo sujetos del extractivismo puro de esta última etapa capitalista, que solo beneficia a pocos y nada al pueblo de la nación, verdadero titular de estos recursos.

Las condiciones las podemos imponer. Intercambiar con sus tecnologías experimentales de preservación del agua. Aquellas que sean coherentes, justas para el beneficio mutuo, sin nocivas externalidades para nuestro ambiente. América tiene 5 siglos de historia de explotación que debería avergonzar a ciertos funcionarios, “permisivos” e indulgentes con los poderes extraños. Condicionemos los acuerdos a una verdadera cooperación para el crecimiento económico. Todos los contratos que se signen a futuro deben ser transparentes, es decir PÚBLICOS en todas sus cláusulas.

Tal vez, sirva para que el señor presidente revea su resolución de reducir las retenciones sobre las exportaciones mineras este año, como estímulo a la inversión, especialmente cuando aún rigen las leyes de la dictadura liberal o del neoliberalismo menemista que privaron al Estado de controles y capacidad de fiscalización. Nunca conocemos los “números”, más que por lo que los privados declaran. También tenemos en el país experiencia sobre esos pasivos fiscales que terminan NO AYUDANDO A LA NACIÓN, solo excusas para el beneficio del Capital.

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