El albur de una sociedad ignorante y anticiencia

Por: Roberto Candelaressi

Algunos pensadores [C. Sagan, I. Asimov] décadas atrás ya planteaban que existían indicios de ignorancia creciente en la sociedad moderna, especialmente en ámbitos de pensamiento que atañen a la reflexión objetiva, crítica y científica. Una sociedad… ¿más “superficial”?

Desde unos 30 años atrás, en efecto, se consolidaron algunas pseudociencias que competían con la ciencia moderna. Ellas, y las teorías conspirativas junto a relatos fantasiosos, comenzaban a sustituir al discurso religioso/mítico tradicional. Ese espacio ocupado de antiguo en la sociedad que apelaba más a lo metafórico, al mito, a lo metafísico, para explicar el mundo desde el “conocimiento” teológico, ya había sido desplazado para despejar incógnitas por la más confiable ciencia.

Esta suerte de ‘retroceso’ cultural, de un proceso de irracionalidad generalizada para explicar la realidad mediante teorías conspirativas o pseudocientíficas, está vinculado –creemos– con los modelos de saber impuestos por el capitalismo, especialmente la etapa neoliberal que acompaña toda esta época.

No dudamos que uno de los factores fundamentales para el progreso social y humano es el SABER como instrumento. Y este se consigue mediante la función primordial de la EDUCACIÓN, herramienta que lo transmite, desde un plano lógico y científico, y que, al acercarse a la VERDAD, crea individuos LIBRES [solo aquel que conoce diversos caminos puede optar por el más conveniente a su marcha]. La ignorancia fue siempre la ventaja que utilizan quienes ostentan el poder para dominar al ‘grupo’ mayoritario; crear oscurantismos para impedir ver la “realidad”, de las injustas relaciones de poder y dominio, por ejemplo.

Los autócratas y tiranos siempre han temido y considerado como peligroso, al alfabetismo, el conocimiento real, a los libros y a los medios de comunicación de recta editorial. Todas esas fuentes potencialmente pueden inculcar ideas independientes y/o rebeldes en las mayorías.

Las escuelas y colegios tradicionales en el sistema capitalista, -siguiendo a Foucault o Bourdieu– son instituciones que reproducen el orden social (desigualdad y dominación), es decir, ayudan a “normalizar” una sociedad dichosamente ignorante y anticientífica. En vez de ser un sitio de liberación, donde se eduque dotando de elementos para una mejor convivencia solidaria y consciente, se centra en proveer herramientas para ser buenos “productores” [trabajadores disciplinados y técnicamente idóneos (no humanísticamente preparados), con salida laboral, provechosa, etc.]. O sea; engranaje de dominación para la élite.

También la educación básica y universal –tal sus contenidos actuales–, nos convierte en consumidores irreflexivos e impulsivos. Que, tal como decía Bauman, es la lógica que caracteriza nuestra identidad actual. La irracionalidad es explotada icónicamente desde la publicidad. No nos vende productos directamente, pues no se centra en atributos o características de ellos – lo cual sería lógico –, sino venden sensaciones, emociones, deseos … para olvidar por un instante frustraciones (de la vida real) e ilusionarse con poseer algo, que por cierto no cumplirá realmente sus otras expectativas.

Naturalmente en nuestra psique también hay una parte instintiva, emocional, en definitiva; irracional, es constitutivo y no lo podemos obviar, el problema es cuando esa prevalece sobre la porción crítica, metódica, la racional, etc., y los individuos en una comunidad política, abrazan la ignorancia y toman decisiones basados en falacias, o ‘conocimientos’ seudocientíficos o irracionalidades. 

Algunos autores advierten sobre esos prejuicios surcando el imaginario colectivo, en forma de teorías de la conspiración, miedo, incertidumbre, desinformación e irracionalidad pletóricas. Las sociedades en donde una gran parte de la población está apenas alfabetizada, y existe una evidente falta de cultura científica, son vulnerables a histerias colectivas de intentar entender la realidad a través de relatos inverosímiles, y por tanto incapaces de afrontar los problemas cada vez más complejos de la era tecnológica – digital. Consecuencia de la falta de la educación en dotarnos de una capacidad crítica y científica. La ecología y el consumismo exacerbado podrían ser tratados y resueltos en forma combinada, si así no fuera.

Se observa que, para una parte de la población, es más fácil negar las evidencias. Muy elocuente en esta época de grandes crisis, por ejemplo: niegan al cambio climático, al Covid 19, que la clínica médica es una farsa, lo que aún se ignora del pasado se explica por las visitas de extraterrestres, y hasta no reconocen lo esférico de la tierra, y mil etcéteras. En este contexto, el panorama democrático y el pensamiento crítico se ven muy reducidos.

Manifestantes frente a la casa del Gobernador en Baton Rouge el 2 de mayo. Julie Dermansky.

Tomemos como ejemplo Estados Unidos, donde la porción de la población negacionista es una de las más grandes comparativamente con otras sociedades. Parece una condición para perpetuar su hegemonía del modo elitista y antidemocrático como la practica. Si la mayoría de la población fuera consciente de esto las apatías sociales y económico-productivas cambiarían.

Volviendo a nosotros, depende del esclarecimiento popular acerca de esta situación, para exigir que al menos la educación para el futuro (siempre es una inversión a mediano y largo plazo), dote de herramientas para que los individuos puedan decidir libremente basados en sabiduría, no en obsesiones. Otro tanto con los medios de difusión y prensa, la sociedad civil tiene el derecho (y el deber) de recibir información rigurosa y honesta. Si se aspira a vivir mejor y tomar buenas decisiones, la ignorancia tiene que ser minimizada (si no erradicada). Al buen político de la emancipación, quedará siempre la tarea de denunciar a quienes instrumentalizan y cultivan la ignorancia para mantener privilegios, esclareciendo los discursos políticos que justifican la inequidad. 

Cerrando este apartado digamos que el costo del “analfabetismo” siempre es caro para toda la sociedad, se expresa en gastos médicos y hospitalarios (falta de prevención por ignorancia), alta criminalidad (la inmovilidad social y la desigualdad alientan al delito) y costos de prisiones  (poblaciones numerosas), baja productividad en los empleos (déficit de capacitación), y fundamentalmente: en la escasez de mentes lustrosas que la falla de adecuada formación deja perder y que podrían contribuir a la solución de estos y otros problemas.  

Veamos someramente algunos de los mecanismos citados más arriba, que contribuyen a la ignorancia popular y, atentan en consecuencia contra la sana convivencia social.

TEORÍAS CONSPIRATIVAS – MANIPULACIÓN E IGNORANCIA

En procura de dar respuestas transcendentes a difíciles preguntas que se ha formulado la humanidad a lo largo de toda su civilización, se creó la religión primero, luego la filosofía, y por último la ciencia. Así, se forjaron cosmovisiones que pretendían plantear el entendimiento de la realidad y para trasmitir aquellas, se crearon diversos discursos que “respondían” esas cuestiones [la “misión” del hombre en la Tierra, la muerte, el plano trascendente, la naturaleza del planeta y del universo, etc.]. 

Con el surgimiento del método científico y el desarrollo de las ciencias, se generó un nuevo paradigma que afronta aquellos interrogantes a través de investigación, información, análisis, comprobación, etc., y ha probado ser –hasta el momento–, la mejor forma de obtener conocimiento. De ese modo la ciencia moderna ganó terreno a otras formas históricas de encontrar respuestas que han tenido las culturas. 

En otras palabras, podemos resumir en que existen 2 orientaciones diferentes para afrontar las cuestiones vitales de la Humanidad: 

  • LA CIENCIA, por un lado, y por otro 
  • LA RELIGION u otras creencias; como enfoque mítico, abstracto y en esencia subjetivo, que está vinculado a ciertos credos (dogmas de fe). 

Se puede decir entonces que los científicos son cazadores de mitos, para cuestionar las especulaciones y afirmaciones metafísicas incomprobables, lo hacen mediante observación de hechos concretos, guiándose por teorías [modelos de interrelaciones bajo control, comprobación, etc.].

En la actualidad, y en términos generales, los discursos religiosos han cedido ante la contraposición de la ciencia, y ésta es hegemónica en cuanto se trata de dar respuesta y explicaciones universales. Lo propio con las explicaciones sobre la realidad social, donde existen paradigmas predominantes para explicar el funcionamiento de la sociedad. Sin embargo, también han surgido unos discursos seudocientíficos o “acientíficos” que cubren el espacio antiguamente religioso, y aquí se impone una salvedad. 

En algún caso, sí el avance de estos discursos que conjugan diferentes aspectos, místicos, históricos, son de carácter religioso, pero de un nuevo signo, predominantemente corrientes evangélicas, que, bajo la premisa de estar evangelizando, construyen un relato que no resiste comprobación, experimentación o análisis, pero que se instala en un creciente grupo social. Ello no representa un ‘problema’ en tanto aborden cuestiones solo morales o aún éticas, mediante el uso de fábulas, mitos o leyendas, en definitiva, metáforas o moralejas útiles para transmitir valores.

Sin embargo, toda vez que intentan trascender esa función y pretenden explicar la realidad, y mitigar incertidumbres con conceptualizaciones solo ligadas al pensamiento abstracto, generan un discurso peligroso porque siendo “creíbles” para muchos adherentes, suelen no ser exactos y muchas veces, ¡tampoco verdaderos!

En tanto la ciencia es una herramienta eficaz para lograr el conocimiento, y con él, mejorar las condiciones de vida de la población, los discursos seudocientíficos siembran ignorancia, pues se alejan de la realidad “objetiva”, y por simples con explicaciones ‘absolutas’ a cuestiones complejas, son altamente atractivos para la gente no acostumbrada el pensamiento propio. Se expanden estos discursos por las redes, pero también se advierte su presencia en los medios tradicionales (TV o Radio).

Los discursos conspirativos ya fueron extensamente usados por los regímenes totalitarios o incluso antiguamente por monarquías absolutistas. Pero también es justo decir que no solo se aplican en la esfera política, también hay personajes inescrupulosos que timan a la gente apoyándose en esos relatos, aprovechando debilidades psicológicas o emocionales, y ofrecen diversos “productos”; sectas, terapias alternativas, mercadeo piramidal, etc.

La derecha se extrema

En un contexto de posverdad [los hechos objetivos son menos importantes que las emociones o creencias personales] en que se modela la opinión pública a través de las Fake News [Noticias Falsas], que proliferan gracias a las redes que permiten a sus usuarios producir y consumir contenidos casi sin control, también se cuelan los discursos conspiranoides, que generan réplicas circulando a gran velocidad, perfeccionando un circuito vicioso y peligroso por la desinformación que provoca. 

La derecha aprovecha esos instrumentos de manipulación de la opinión, especialmente los que crean un “chivo expiatorio”, o alguien (un “otro”) en quien depositar la CULPA, incluso de su propia gestión. Las teorías conspirativas le vienen muy bien especialmente a la derecha radicalizada, para “fundar” su discurso inculpatorio. Siempre es contra otro grupo o clase social, con argumentos simplistas, pretenden ofrecer soluciones a problemática social compleja. Se usan los prejuicios autogenerados basados en estereotipos (racistas, clasistas, religiosos, etc.) para estigmatizar a tales grupos, y atribuirles la causa de los males, sin responsabilidad propia alguna, y ningún esfuerzo por comprender las dinámicas económicas, políticas y sociales involucradas en los hechos sociales.

Por ello se suele decir que la ciencia es una vacuna contra los charlatanes, que, de no estar inoculado explotarán tu ignorancia. Se trata de evitar la manipulación y las descripciones de la realidad social capciosas que siembran incomprensión y odio. Los que ‘caen’ en ella, no podrán tomar decisiones de modo coherente, por eso perjudican al sistema democrático. 

Cuando los discursos así, calan en un porcentaje considerable de la sociedad, puede producirse un estado colectivo de paranoia e irrealidad, que se conoce como POSVERDAD. El riesgo es que la fanatización, especialmente estimuladas por falsas creencias deliberadamente difundidas, puede derivar en acciones violentas e irracionales a gran escala como la que sucedió en enero de este año (2021) en el Capitolio de EE. UU.  

Confrontando la FALSEDAD 

Dos vías para enfrentar este problema se pueden postular: una vinculada a los medios de comunicación que deben comprometerse con principios de veracidad, (chequeos) antes de divulgar noticias o discriminar exponentes de absurdas o inocuos temas ya superados por la ciencia. Por ejemplo, evitar debatir el terraplanismo. Las normas desde el Estado deben ser claras y aplicadas.

La educación, como señalamos al comienzo, debe estimular la capacidad crítica de discernir y analizar la información. Perspectiva de Ciencia y Humanidades en la currícula. La gente debe poder pensar por sí misma.

Paradójicamente, en esta era de la información (o tal vez como consecuencia de su saturación por sobreabundancia) la ignorancia sobre muchos temas se ha vuelto una norma. La juventud a veces canaliza su escepticismo y rebeldía contra todo lo científico, por paradójico que suene. El sistema educativo debe formar ciudadanos libres y conscientes antes que futura mano de obra. Para ello debe estar orientado a proveer herramientas básicas para que el educando sepa en el futuro inmediato desenvolverse en la compleja realidad social de la que son parte activa (o deberían serlo). Su bienestar como adultos dependerá de que conozcan al mundo tal como es.  

El contexto social y la Agenda del Miedo

La sociedad de nuestro tiempo se caracteriza por una percepción de riesgo permanente; la inseguridad, la incertidumbre y otros temores campean por gran parte de sus miembros. La pandemia agravó esa sensación de riesgo constante en modo exponencial. Los medios masivos ya globalizados (cables, plataformas de contenidos, etc.) sumados a las redes vía internet expanden con mensajes violentos o negativos aquella sensación que afecta a muchos.  Todo esto ha merecido reflexiones desde la sociología, desde luego.

En el ensayo «La Sociedad del Riesgo» de Ulrich Beck, se compendia los riesgos globales que surgen en la fase de la sociedad actual, y, por tanto; fuera de control de las instituciones tradicionales. Se describen los factores de inseguridad como: 

1)- los irreversibles (nucleares, ecológicos); 2)- la exposición al riesgo y la incertidumbre es socioeconómicamente dispar, por tanto, se potencia la desigualdad social3)-  las relaciones de poder de la modernidad, están en crisis frente a movimientos sociales reivindicativos (feminismo, autonomismo, ecologismo, etc.) generando un vacío político e institucional temporal, 4)- la flexibilidad en la esfera del trabajo, consecuencia de políticas neoliberales, han provocado un mercado laboral muy heterogéneo e incrementado la inestabilidad laboral 5)- la preeminencia global de la lógica del Capital y su dominio en todas las esferas (educación, ciencia, derechos, etc.) ha mundializado a los riesgos. 

Beck finalmente propone, la necesidad de realizar transformaciones profundas en el ámbito económico, político y jurídico para hacer frente a este nuevo contexto presentado por La Sociedad del Riesgo.

A su vez, Zygmunt Bauman con su concepto de modernidad líquida, describe el momento histórico actual donde las instituciones y los “ejemplos de vida” que regían como norte de la vida social, sufren el impacto del cambio constante.  Transformaciones en diferentes ámbitos de la civilización; política, economía, cultura o tecnología y demás, que tienen un determinado impacto en el funcionamiento de las personas en sociedad, que merecen ser estudiados.

Para Bauman la modernidad líquida conduce inevitablemente a una incertidumbre vital, es decir, a no saber hacia dónde se dirige el proyecto de vida personal. Las estrategias de vida se ven alteradas por los incesantes cambios, que hacen obsoletas soluciones hasta ayer plausibles. Obviamente, a nivel subjetivo esta realidad trae inquietud, inestabilidad, miedo, incertidumbre, etc., es decir, efectos psicológicos a ser atendidos más temprano que tarde.

Como se puede apreciar, ambos autores –a partir de diversas perspectivas– reflexionan sobre la dimensión que caracteriza la sociedad global actual: el miedo.

La contribución de los “Medios”

Si hay algo que los medios masivos y digitales son capaces de instalar es la angustia, a través de la repetición y tratamiento continuado de noticias o acontecimientos que puedan generar miedo e incertidumbre, y, dado que atrapan la atención de las audiencias, tienen una agenda mediática colmada de sucesos negativos. La sumatoria de ellos (violencia callejera, asesinatos, catástrofes, etc.) y su difusión masiva, crea una atmósfera de inquietud y temor. Y desde luego, ese efecto se potencia cuando, desde algunos de esos medios se practica el sensacionalismo.

Al aumentar el conocimiento sobre posibles acontecimientos y potenciales amenazas, pero teñido por una intensidad de espacios [repetición masiva] y exageraciones [no se proveen estadísticas serias], se pierde toda objetividad y el saldo es una sensación irreal de amenaza. En este contexto, parte de la atención y la opinión pública se ven afectados con esas percepciones negativas. La sociología descarta que ello sea resultado de una planificación estratégica cuyo objetivo sea someter a la población al miedo, como indicaría una visión conspirativa. Se trata mas bien de un efecto ‘indeseado’ por la saturación de los medios de comunicación masivos y las redes sociales en su descomunal crecimiento.

Naturalmente, aquella salvedad de la negación conspiranoide, no implica que los medios –conocedores de la preferencia de consumo de ciertos contenidos por parte de sus audiencias– no exploten el morbo de las historias negativas sobrecargando su espacio con esos productos informativos, lo que recicla el ‘problema’ del miedo circulando en la comunidad.

Porque venden más con lo “amarillo”, se exponen mucho más que sucesos positivos, que no suelen ser destacados ni extendidas sus presentaciones. 

La instrumentalización del Temor

La derecha en general, y en nuestro país como no podía ser de otro modo, consciente del fenómeno del temor difundido, y del poco expandido pensamiento crítico de audiencias masivas, organiza su estrategia política con esos elementos.

Es así que tal como ocurre en nuestro país con la oposición de centro-derecha, no suele presentar propuestas o soluciones constructivas a la problemática actual para mejorar las condiciones de vida de toda la población, sino algunas medidas de protección para sus adherentes [su clase aspiracional], en definitiva, con su discurso ayuda a crear un imaginario social (cultural y político) sobre la realidad en la que se convive con amenazas, miedo e inseguridad. 

Como dijimos más arriba, al estilo del fascismo, culpabilizan a otros, los estigmatizan y plantean en consecuencia, la necesidad de enfrentar esas “amenazas”. El barrio cerrado por seguridad, antes que dar educación y trabajo a los potenciales delincuentes. “Soluciones” simples, de cortísimo alcance y nunca ‘estructurales’ [definitivas].

Esa fracción del espectro político [hoy representada por Juntos], despliega argumentaciones basadas en datos falsos, descontextualizados o llanamente fakes, presentadas con el mayor de los descaros, para generar confianza en el ‘auditorio’ y sin que sean contestadas por los medios hegemónicos que conforman asociados un bloque de poder. En definitiva, por un lado, se potencian temores [magnificados], y por otro se venden supuestas medidas de protección para paliar el miedo.

Como estrategia política, la derecha apunta siempre a amenazas concretas (aunque exageradas) porque son más simples y fáciles de asimilar y, por tanto, un mayor número de individuos se sentirá convocado. Las verdaderas amenazas suelen ser más complejas y multifactoriales (como la misma problemática social: falta de viviendas, discriminación, medio ambiente, desigualdad social, etc.) pero no aptas para su inmediata comprensión (se requiere reflexión), y, además, adoptar posturas en torno a sus soluciones. El conservadurismo se dirige a la parte más irracional de la psique, pero así construye un contexto ficticio, donde la mirada siempre es maniquea. Es su modo de servirse autoprotegiéndose y beneficiando a la oligarquía que los financia. A propósito, el miedo también puede aprovecharse como modelo de negocio [alarmas, vigilancia, seguros, etc.].

COLOFÓN

Concluyendo, nos parece productivo incluir un par de citas de estos pensadores que nos ayudan a prevenirnos de caer en la apatía por la verdad, en aplicar solo reduccionismos para interpretar la realidad, ambos obstáculos insalvables para el proyecto emancipador que estimulamos.

Una mente crédula… encuentra el mayor deleite en creer cosas extrañas y, cuando más extrañas son, más fácil les resulta creerlas; pero nunca toma en consideración las que son sencillas y posibles, porque el mundo puede creerlas. [Samuel BUTLER].

Una de las lecciones más tristes de la historia es ésta: si se está sometido a un engaño demasiado tiempo, se tiende a rechazar cualquier prueba de que es un engaño. Encontrar la verdad deja de interesarnos. El engaño nos ha engullido. Simplemente, es demasiado doloroso reconocer, incluso ante nosotros mismos, que hemos caído en el engaño. En cuanto se da poder a un charlatán sobre uno mismo, casi nunca se puede recuperar. Así, los antiguos engaños tienden a persistir cuando surgen los nuevos. [Carl SAGAN].

Setiembre de 2021 ***

Imagen destacada: La Tercera

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