Las memorias incómodas y la necesidad de recordar

En su columna del viernes en el programa Agenda Abierta 21, el profesor Luis Ángel Dib habló de aquellos hechos de nuestra historia que no son demasiado recordados, como si la gente hubiese querido que no sucedieran nunca. Dib analizó lo que sucedió el 15 de abril de 1953 en la Plaza de Mayo y el levantamiento carapintada que se dio en la Semana Santa de 1987

Por Luis Ángel Dib

Edición Diego Adur

Agenda Abierta 21


El 15 de abril de 1953, hace 69 años, se produjo una gran manifestación en Plaza de Mayo convocada por la CGT debido a un exagerado aumento de los precios de alimentos, especialmente de la carne. Esa tarde hubo explosiones de bombas preparadas de antemano, que estallaron en la estación de subte de línea A que tiene cabecera en Plaza de Mayo. Había también bombas en el Banco Nación y en el techo de la Casa Rosada, que afortunadamente no explotaron. 

Fue un hecho criminal perpetrado por comandos civiles libertadores. Eran jóvenes universitarios de clase media-alta. Entre ellos estaban Roque Carranza y Mariano Grondona, que eran coordinadores de estos grupos. Se trata de un hecho prácticamente olvidado. Luego, Carranza fue ministro de Alfonsín y hoy en día una estación de subte de la línea D lleva su nombre.

Otro hecho que tampoco es demasiado recordado ocurrió en la Semana Santa de 1987: el alzamiento carapintada. Después del histórico juicio a los jefes que comandaron la dictadura genocida concluida algunos años atrás, quedaba todavía la posibilidad de juzgar a los demás actores que participaron de la represión durante el Terrrorismo de Estado. Se comenzaron entonces a citar a oficiales de menor rango, que habían torturado, asesinado y desaparecido. El partido militar todavía tenía poder. Comenzaron a acumularse las denuncias contra distintos represores y genocidas. Los militares se alertaron de inmediato. El teniente coronel Aldo Rico, quien tenía un gran consenso dentro del Ejército, comandó la rebelión carapintada tomando la Escuela de Infantería, uno de los espacios más importantes del Ejército en aquel momento.

A diferencia de otros levantamientos, el pueblo salió a la calle. Todos los sectores políticos se unieron junto al presidente. En esas circunstancias se produjo la famosa frase de Alfonsín, aquel domingo de Pascua, de “la casa está en orden”, una vez que el levantamiento fue neutralizado. 

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